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unas palabras sobre el Antiguo Museo Anatómico de la Facultad de Medicina

En el año 1925, cuando cursaba el primer año de carrera, entré de interno en la asignatura de Técnica Anatómica (creada en 1907) que regentaba el profesor Antoni Riera Villaret (1865-1931), en la que había diferentes departamentos. Uno de ellos era el Museo Anatómico, en el que estaban muy bien expuestas muchas piezas anatómicas, alguna de ellas obra del escultor Enric Monjo Garriga (1896-1976), que hasta hacía pocos años había trabajado allí, y muchas otras eran preparaciones naturales a partir de los diferentes métodos de conservación que entonces se practicaban. Recuerdo que había piezas muy interesantes, entre las cuales algunas que representaban lesiones o deformidades excepcionales, hoy inexistentes o muy difíciles de encontrar. Además, el encargado era un bedel que iba perfectamente uniformado y estaba enterado de todo, que disfrutaba explicando los orígenes de cada una de las piezas. Nosotros, los estudiantes, le llamábamos “el Séneca” y allí pasábamos muchos ratos.

Después, cuando acabé las anatomías, con la jubilación del profesor Riera Villaret, suprimieron la asignatura (1927-1931) y yo perdí de vista todo aquello. Muchos años después, me informaron de que, por razones de espacio, habían suprimido el Museo. Poco después, cuando entré en la Real Academia de Medicina de Cataluña, pregunté al gran anatómico y buen amigo Agustí Gómez (1900-1981) por el destino del Museo y me dijo que más valía no hablar de ello porque se había hecho la barbaridad de desmontar y suprimir una cosa muy difícilmente repetible; también dijo que lo que quedaba de las piezas estaba amontonado en un lugar del sótano de la Facultad, dependiente de Anatomía Patológica. Decidimos que teníamos que hacer algo y fuimos a ver al profesor Dídac Ribas Mujal (Manresa, 1922), que nos dijo que cuando él entró en la cátedra de Histología (1971) ya se había encontrado con todas estas piezas medio echadas a perder y que eran un gran estorbo. No sabía qué hacer y encontró muy acertado que nosotros nos las lleváramos a la Real Academia, cosa que hicimos con una camioneta. Entonces comenzaron los problemas, ya que en la Academia no disponíamos de local para almacenar ni medios para reparar todo aquello. Nos habíamos metido en un buen problema. Por suerte, el amigo Alfons Gregorich Servat (1916-2000), entonces Presidente de la Mutua Médica (1976-1988), ofreció un lugar adecuado de la Mutua en la Vía Laietana y las cosas vinieron encadenadas, ya que poco después recibimos en la Academia la visita del Sr.Antoni Forrellad (1912-1987), que venía de parte de la Banca Catalana, con la intención de fundar un Museo de la Historia de la Medicina del que se encargaría el Dr. Felip Cid. Ni que decir que la cosa nos venía como anillo al dedo para que se pudiera cumplir nuestro deseo de poder ver restauradas algunas de estas piezas entrañables que me recordaban nuestros primeros años de carrera, escuchando las explicaciones del sabio “Séneca”. No quisiera acabar sin expresar mi agradecimiento a Alfons Zarzoso por el gran interés que demuestra en la conservación de este importante Museo de nuestra Medicina que no podemos dejar perder.

Dr. Moisès Broggi


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