los fabricantes de aparatos para análisis
clínicos de los años 1940
Acabada la pesadilla de la Guerra Civil, los médicos
analistas de Barcelona fueron recuperando una cierta normalidad,
pero con muchas dificultades, como fueron las restricciones
eléctricas muchos días de la semana y problemas
para poder reponer instrumental. Algunos talleres artesanos
fueron dando respuestas a algunos de estos problemas, como
por ejemplo:
Los metalistas. Fabricaban con dificultades estufas de cultivos,
baños-maría de Wassermann, centrifugadoras,
autoclaves y los pequeños accesorios, como soportes,
dobles-nueces, etc. Cabe hablar de artesanos, como la viuda
Maixó, que fabricaba la marca Extra; y Badia Lizano,
con la marca Record. Dos talleres que marcaron toda una
época. A la vez, hubo una empresa de gran prestigio,
Hartmann, convertida después en Industrias Sanitarias
S.A., que dominó, con mucha categoría, las
grandes instalaciones para quirófano y esterilización.
Los metalistas eran gente trabajadora, que distribuían
el material como podían y, sobre todo, cuando podían.
A las siete de la mañana ya estaban en el trabajo,
pero a las nueve se sentaban a desayunar, bacalao a la plancha
y porrón de vino en el bar de la esquina. Sin duda
vivían mucho mejor que muchos grandes directores
de empresa actuales. A partir de 1957, con el Plan de Estabilización,
y con gente joven que llegó, se comenzó a
fabricar mejores productos, con aplicación ya de
la electrónica. Así, aparece Joaquim Puig,
con su marca Selecta; Francesc Roura, del Grupo Grífols,
con la marca Gri-cel; y también marcas veteranas,
como Crison y Atom. En la especialidad de balanzas de precisión,
junto a las excelentes Sartorius alemanas, también
aparece Juan Cobos.
Reactivos y colorantes. La marca que tradicionalmente había
dominado el mercado había sido la Merck, de Darmstadt.
Pero las importaciones eran casi imposibles. Entonces, Casimir
Busquets, con fábrica en Badalona, creó la
marca Probus, con una calidad y control que hizo que fuera
aceptada y dominante en el mercado. La empresa Montplet
creó pronto también una gama de reactivos,
Panreac, que ayudó a resolver un suministro regular
de unos productos básicos para los médicos
analistas.
Papel de filtro de ceras conocidas. Si bien no hubo problema
en obtener papel de filtro corriente, el caso del de ceras
conocidas no era tan fácil. La marca tradicional
en España había sido la alemana Sleicher &
Schüll, imposible de encontrar en la época y
esto debió decidir a un fabricante de l’Anoia,
Ròmulo Torrents Albet, a entrar en un campo complicado
y a hacerlo con una calidad que resolvía totalmente
el problema.
Escobillones. Se trata sin duda de un producto sin ninguna
tecnología, pero que hacía falta que alguien
lo suministrara. El hombre era un gitano yugoslavo, de nombre
Vasilivitch: bajo, gordo, de piel oscura, cabello acharolado.
Pasaba cada semana por los establecimientos con un zurrón
en el brazo y los pedidos los servía un día
después, con la particularidad de que cobraba siempre
en dinero y nunca entregó ni factura ni recibo.
Vidrio de horno: matraces y vasos. Las tres marcas autóctonas
que fueron resolviendo problemas como pudieron fueron Ermex,
de Unión Vidriera de España, Belgor, de Valencia,
y Termicus, de Cristalerías Planell. Ninguna de ellas
fabricó vidrio de bajo coeficiente de dilatación
y se sufrió hasta que se pudo importar vidrio Pirex
y Schott-Jena.
Aparatos de vidrio soplado: se contaba con una serie de
pequeños talleres con secciones de soplado, esmerilado
y grabado. De entre ellos, salió la marca Afora,
que aportó materiales volumétricos con certificado
de contraste o garantía de precisión y a menudo
también instrumentos con esmerilados intercambiables,
que desplazaron las tapas de corcho y de goma para empalmar
matraces a columnas, refrigerantes, etc. Con el tiempo,
su ejemplo fue seguido por la marca Proton, de Manuel Tremoleda,
y Dra, de Leben y Pérez.
Carles Badia Moret
Fabricante de aparatos en vidrio para análisis clínicos.