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El polarímetro y el sacarímetro
El polarímetro constituyó una de las respuestas instrumentales
dedicadas al estudio de las propiedades de la luz, en concreto
a la comprensión del fenómeno de la óptica física de la polarización
de la luz. Es decir, la condición producida por las ondas
luminosas de un rayo de luz que vibran en un único plano cuando
inciden sobre ciertos materiales.
Las investigaciones efectuadas a comienzos del siglo XIX ampliaron
el análisis de los efectos producidos por la luz polarizada
a través de sólidos cristalinos y otras substancias, ópticamente
activas, de origen animal y vegetal, que mostraban la capacidad
de modificar el plano de polarización de la luz. De manera
inmediata, estas ideas se traducen en la creación de nuevos
objetos, como el polarímetro. El geólogo William Nicol contribuyó
significativamente al idear un prisma formado por dos porciones
de cristal de espato de Islandia que permitía polarizar la
luz. La aplicación del prisma de Nicol a cada extremo del
polarímetro permitió el análisis de la substancia ópticamente
activa situada en el medio al producirse un giro en plano
de polarización de la luz. El valor de este giro se podía
medir en grados, facilitando así el cálculo de la concentración
de dicha substancia. Los objetos que presentamos, dos polarímetros-
sacarímetros y un encendedor de Robert Bunsen, que proporciona
el rayo de luz, posibilitaron la transferencia de técnicas
y la adaptación de nuevas aplicaciones a otras disciplinas,
como la medicina, la farmacia y otras industrias relacionadas.
Una de las substancias que concentró mayor atención en la
segunda mitad del siglo XIX, por razones médicas e industriales,
fue el azúcar. El sacarímetro partió entonces de la base del
polarímetro como instrumento destinado a la medición de la
cantidad de azúcar en una substancia. A finales de dicho siglo,
estos aparatos fueron utilizados por médicos y farmacéuticos
para determinar la presencia de glucosa en la orina y facilitar
el diagnóstico de la diabetes, entre otros aspectos. Una solución
formada por la combinación de un reactivo en la orina era
sometida al rayo de luz y en función de la rotación observada
en el plano de polarización era posible determinar la concentración
de azúcar de una substancia como la orina.
Esta técnica quedó, no obstante, rápidamente relegada del
ámbito médico y farmacéutico a otros sectores industriales
y aduaneros, a causa de factores diversos como fueron: la
complejidad y la confusión de los cálculos -los fabricantes
adoptaron diversas escalas sacarimétricas- y el desarrollo
a principios del siglo y de gran uso hasta los años 1940 de
sencillos sacarímetros de fermentación -por M. Einhorn y Th.
Lohnstein-, que permitieron conocer los valores de la glucosa
sin necesidad de cálculos, y de micro-métodos bioquímicos,
como los experimentados por I.C. Bang, que ampliaban el abanico
de substancias de estudio en el ámbito de la química fisiológica.
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