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guía didáctica sobre
termometría (3)
La investigación llevada a cabo a lo largo del siglo
XVIII contribuyó a la extensión de la adquisición
de nuevos aparatos, en especial termómetros y barómetros,
entre las clases acomodadas de determinadas zonas europeas,
un fenómeno que se tradujo en la domesticación
de la temperatura ambiental.
Esta cuestión nos permitiría plantear
el tema de los públicos de los instrumentos: en este
caso, del tránsito de los usos experimentales “profesionales”
a los usos domésticos.
Este fenómeno no siguió el mismo ritmo en materia
de domesticación de la temperatura corporal. Eso no
quiere decir que el uso del termómetro como instrumento
para el establecimiento del diagnóstico de la enfermedad
no se produjese o no fuese objeto de disputa entre algunos
médicos desde el siglo XVII y sobretodo desde principios
del siglo XVIII.
En este período ya se manifestó el recurso a
los conceptos de las ciencias naturales por parte de determinados
médicos. De hecho, se trata de una cuestión
que nos permitiría hablar, desde el punto de vista
de la medicina, del galenismo y humoralismo clásicos
y de la disputada implantación de este instrumento
como herramienta de exploración regular del cuerpo
en la salud y en la enfermedad.
También nos permitiría hablar de la construcción
de la historia clínica a lo largo de este período
y de las diferencias existentes entre los conceptos de síntoma
—como manifestación subjetiva de alteración
de los procesos vitales— y de signo —como hecho
objetivo, susceptible de ser medido.
La aplicación experimental del termómetro en
la medicina se hizo sistemática a lo largo del siglo
XIX. Más allá de las diferentes escalas termométricas,
modelos experimentales desarrollados y componentes empleados,
esta práctica se tradujo en descripciones y clasificaciones
de enfermedades a partir de los registros o inscripciones
producidas por estos instrumentos. Es decir, en la creación
de otro elemento característico de aquella práctica
científica.
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